jueves, 20 de noviembre de 2014

CUENTO "EVOCACIONES"

EVOCACIONES
Se quedaba por largo tiempo, con su mirada fija mirando a lo lejos, como si el tiempo transcurriera lentamente en la evocación que hacía del pasado, luego tomaba entre sus dedos ese tabaco que nunca había encendido, pero que, por cosas del destino ese día encendió y lo aspiro fuertemente, como si se aferrara a la vida, para luego exhalar el humo en medio de sus palabras, las cuales se iban transformando en fantasmas que fascinaban nuestra mente; ese vaho espeso se tornaba en personajes que iban circundando las historias que salían de su imaginación, él nos miraba con inquietud y con una ternura desmesurada para después exclamar: ¡ Chiquillos locos!, ¿Quieren escuchar otra historia?; a lo cual respondíamos en coro sin nunca haber ensayado: ¡Sí Abue!... Él nos contemplaba por un momento, soltaba una risa y nos llamaba: los pequeños duendes de sus sueños. Recuerdo que siempre empezaba sus historias con un dicho o refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres” “A caballo regalado no se le mira colmillo” “El que mucho abarca poco aprieta”  y después empezaba a rondar la estancia personajes de duendes, brujas, princesas, príncipes o de gente humilde que iban invadiendo poco a poco nuestra imaginación.
Hoy que me muevo dentro de este laberinto de cemento con mi soledad a cuestas, reflexiono sobre esas palabras sabias del Abue… Y descubro fascinando en medio de mi adultez, que estos valores que hoy practico me los enseño él, a través de sus historias y mi familia. Yo no comprendía la importancia de vivir estas historias, las tomaba con la fascinación e inocencia de mi niñez. Pero… en este presente que nos atropella y nos patea como un gigante enorme que nos quiere devorar a dentelladas, haciéndonos padecer la ilusión de un futuro próximo, veo con asombro cómo me he vuelto, un ser más sensible ante la realidad que me toca vivir, todavía siento el dolor ajeno como si fuera el mío, aún las falanges enormes de ese tiburón que se mueve a velocidades extraordinarias que es la internet y los medio de comunicación no han devorado mi sentido de humanidad.
Soy aquel ser que anda por estas calles enormes en medio de una multitud, pero en mi soledad siguiendo el camino que la vida me ofrece, estremeciéndome por los acontecimientos caóticos que ocurren en el mundo, sintiendo como mi piel se pone de gallina con la sonrisa de un niño o las palabras del poeta que sensualmente me habla al oído para conmover mi espíritu y mi alma. Me doy cuenta que todos nos expresamos ya sea con el cuerpo, ya sea con palabras o ya sea a través de un gesto, pero añoro a mi Abuelo cuando contaba esas historias y nos trasladaba a un mundo imposible o quizás posible, recuerdo el humo de su tabaco que se transformaba en personajes y que todos queríamos escudriñar con nuestras miradas atentas para identificar de quien se trataba.  Hoy el hombre ha olvidado que la tradición oral es importante en su vida, pues contribuye a unir mas las familias, aquellas historias se terminaban con un abrazo o un hasta mañana que expresaba gran cariño.
La gente anda a través de las calles inmersos y ahogados en su soledad, metidos chateando en sus celulares o computadores, olvidándose de sí mismos como personas, alejándose de la realidad en la que a su alrededor deambulan seres llenos de amor, buscando dentro de la misma selva tecnológica, con quien poder expresar sus sentimientos y sentir la voz del otro que susurra a su oído en un acto eterno de humanidad.
Al igual que mi Abuelo terminaré mi cuento con una frase sustanciosa: “ El hombre que se ahoga la tecnología se vuelve esclavo de ella y pierde el sentido de vivir”.

Lina María Rojas A.

Autora.

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