EVOCACIONES
Se quedaba por largo tiempo, con su mirada
fija mirando a lo lejos, como si el tiempo transcurriera lentamente en la
evocación que hacía del pasado, luego tomaba entre sus dedos ese tabaco que
nunca había encendido, pero que, por cosas del destino ese día encendió y lo
aspiro fuertemente, como si se aferrara a la vida, para luego exhalar el humo
en medio de sus palabras, las cuales se iban transformando en fantasmas que
fascinaban nuestra mente; ese vaho espeso se tornaba en personajes que iban
circundando las historias que salían de su imaginación, él nos miraba con
inquietud y con una ternura desmesurada para después exclamar: ¡ Chiquillos
locos!, ¿Quieren escuchar otra historia?; a lo cual respondíamos en coro sin
nunca haber ensayado: ¡Sí Abue!... Él nos contemplaba por un momento, soltaba
una risa y nos llamaba: los pequeños duendes de sus sueños. Recuerdo que
siempre empezaba sus historias con un dicho o refrán: “Dime con quién andas y
te diré quién eres” “A caballo regalado no se le mira colmillo” “El que mucho
abarca poco aprieta” y después empezaba
a rondar la estancia personajes de duendes, brujas, princesas, príncipes o de
gente humilde que iban invadiendo poco a poco nuestra imaginación.
Hoy que me muevo dentro de este laberinto de
cemento con mi soledad a cuestas, reflexiono sobre esas palabras sabias del
Abue… Y descubro fascinando en medio de mi adultez, que estos valores que hoy
practico me los enseño él, a través de sus historias y mi familia. Yo no
comprendía la importancia de vivir estas historias, las tomaba con la
fascinación e inocencia de mi niñez. Pero… en este presente que nos atropella y
nos patea como un gigante enorme que nos quiere devorar a dentelladas,
haciéndonos padecer la ilusión de un futuro próximo, veo con asombro cómo me he
vuelto, un ser más sensible ante la realidad que me toca vivir, todavía siento
el dolor ajeno como si fuera el mío, aún las falanges enormes de ese tiburón
que se mueve a velocidades extraordinarias que es la internet y los medio de
comunicación no han devorado mi sentido de humanidad.
Soy aquel ser que anda por estas calles
enormes en medio de una multitud, pero en mi soledad siguiendo el camino que la
vida me ofrece, estremeciéndome por los acontecimientos caóticos que ocurren en
el mundo, sintiendo como mi piel se pone de gallina con la sonrisa de un niño o
las palabras del poeta que sensualmente me habla al oído para conmover mi
espíritu y mi alma. Me doy cuenta que todos nos expresamos ya sea con el
cuerpo, ya sea con palabras o ya sea a través de un gesto, pero añoro a mi
Abuelo cuando contaba esas historias y nos trasladaba a un mundo imposible o
quizás posible, recuerdo el humo de su tabaco que se transformaba en personajes
y que todos queríamos escudriñar con nuestras miradas atentas para identificar
de quien se trataba. Hoy el hombre ha
olvidado que la tradición oral es importante en su vida, pues contribuye a unir
mas las familias, aquellas historias se terminaban con un abrazo o un hasta
mañana que expresaba gran cariño.
La gente anda a través de las calles inmersos
y ahogados en su soledad, metidos chateando en sus celulares o computadores,
olvidándose de sí mismos como personas, alejándose de la realidad en la que a
su alrededor deambulan seres llenos de amor, buscando dentro de la misma selva
tecnológica, con quien poder expresar sus sentimientos y sentir la voz del otro
que susurra a su oído en un acto eterno de humanidad.
Al igual que mi Abuelo terminaré mi cuento
con una frase sustanciosa: “ El hombre que se ahoga la tecnología se vuelve
esclavo de ella y pierde el sentido de vivir”.
Lina María Rojas A.
Autora.
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